Salvo en las autoridades hacendarias de los últimos sexenios, en México se había perdido por un tiempo, esa sana práctica de escoger a los mejores perfiles en relación a una tarea determinada.

Recuerdo muy bien esos días en que se estaba diseñando esa nueva institución promocional de México que sería el Consejo de Promoción Turística desde las oficinas de SECTUR (a finales del siglo pasado) y como se analizaban modelos internacionales para tratar de adoptar las mejores prácticas para esa naciente plataforma.  Una de las medidas contrastantes con los usos y costumbres de aquella época,  fue el proceso de selección de los ejecutivos que pasarían a formar parte del CPTM con base a un concurso que medía los méritos profesionales (experiencia, educación y competencias claves).  Fue esa primera generación de promotores seleccionados bajo esa modalidad (en que participaron instituciones académicas de primer nivel), la que en mi opinión, marcó el éxito de ese modelo que se alejaba de la política, le daba continuidad a la promoción turística (su esquema de autofinanciamiento por supuesto que también ayudó) y obedecía a las leyes del mercado.
Desgraciadamente, por los motivos que fueran, no fue la constante en las administraciones que siguieron al frente de Sectur (con respecto al CPTM) y del propio CPTM; y entonces tanto la excesiva rotación de personal de todos los niveles (7 directores generales, eso sí, todos ellos muy capaces , pero con diferentes visiones, en los primeros 10 años de existencia) como el volverlo a tratar como una Subsecretaría de Promoción y las presiones políticas, llevaron al CPTM a desviarse de su espíritu original y sobretodo, a perder esa filosofía de captación de talento que tanto ayudó en su lanzamiento.
Con la llegada del Secretario Enrique de la Madrid a la titularidad de la dependencia, claramente se está retomando ese espíritu y estamos viendo rostros conocidos de personas comprometidas con las mejores causas del turismo y con excelentes competencias, llegando nuevamente al equipo que dirigirá al sector turístico en los últimos años de esta administración. No quisiera omitir a nadie al ejemplificar esta vuelta a la meritocracia, pero sí quiero destacar al menos los casos de Tere Solís (que mejor cartera para ella que la de planeación con esa mente estratégica que tiene), Maru González O’Farril y Juan Carlos Arnau, personajes todos ellos reconocidos en la industria y en los destinos de México.
Quisiera extender este reconocimiento a los gobiernos de Argentina y Guatemala que recientemente nombraron también a dos Subsecretarias de Turismo que provienen de nuestra industria y que han sido incansables promotoras de Latinoamérica en el mercado de reuniones (Silvana Biaggiotti y Alisson Batres respectivamente, la última ex presidenta de COCAL), una vez más se va en el sentido correcto porque ninguna de ellas llega ahí por amistad con los líderes, ni por afiliación política/partidista alguna.
Ese mismo fenómeno se acaba de dar en el equipo de la Canciller Ruiz Massieu con el nombramiento del Embajador de México en los Estados Unidos en la persona del hasta ahora Cónsul General en Los Ángeles, Carlos Sada. En verdad,  no creo que haya nadie que conozca la dinámica de las comunidades de mexicanos en ese país como este funcionario honesto, que lo mismo ha trabajado para gobiernos emanados de un partido que de otro y que ha probado en los hechos como Jefe de Misión en las ciudades que concentran mayor población de origen mexicana (LA, San Antonio, Chicago, NY), que puede establecer puentes entre los dos países para beneficio mutuo y sobretodo de nuestros paisanos en el exterior.
La mejor manera de que lleguen los mejores perfiles para posiciones importantes en nuestro sector, es seguir insistiendo en laprofesionalización, en los procesos de certificación y en la sociedad misma; exigir que sean los méritos (educación, experiencia y competencias)  los que tengan un mayor peso en los procesos de selección. Hagamos realidad entre todos los mexicanos/latinoamericanos el servicio profesional de carrera para ganar la confianza de interlocutores y tomadores de decisión en el mercado global.

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